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lunes, 24 de julio de 2017

Su primera vez

Tuve ocasión, por esos azares del destino (que al final terminan no siendo azares sino coincidencias para elevar nuestra conciencia) de toparme con un ciudadano inglés, quien se encontraba de paso por Barcelona acompañado de su esposa, venezolana radicada en Londres desde hace más de 20 años.

A pesar de que éste súbdito de Su Majestad Isabel II está muy al tanto de la situación política del país, no fue ese el tema de conversación, muy por el contrario, Maduro, Chavez, los colectivos y las protestas estuvieron por siempre ausentes durante nuestro intercambio de ideas.Mientras departíamos un rato, bebió un sorbo de su cerveza, se echó para atrás en la silla a la vez que dejaba escapar un profundo suspiro y con la mirada fija en el infinito me dijo: "Cuando estuve en Caracas nos quedamos en Los Naranjos, en casa de una amiga de mi mujer. A la mañana siguiente de haber llegado, después del desayuno ella me dijo que al final del jardín del edificio había una loma, que subiera a ella para tener una vista de la ciudad. Subí y vi que había una hamaca (seguramente se referirá a nuestros chinchorros), me tumbé en ella viendo esa maravillosa montaña que Uds tienen… cómo se llama? ¿El Ávila? Y vi cuanto verdor había a cualquier parte que volteara la mirada, solo me quede ahí, acostado en la hamaca y entonces me dije: Dios! ¡Por primera vez viajo más allá de Europa, por primera vez estoy acostado en una hamaca, estoy en otro continente al otro lado del océano!"

Luego continuó relatándome como mientras se maravillaba de su experiencia y sus pensamientos no dejaban de rondarle la cabeza, un par de guacamayas, de esas azules y amarillas que adornan los cielos caraqueños de vez en cuando, volaron sobre él a manera de bienvenida. Por un buen rato continuamos la conversación, con un recuento de los lugares maravillosos que visitó durante ese viaje, la comida que probó, gente que conoció.

Guacamayas caraqueñas, al fondo El Avila


El verdor de nuestra tierra puede pasar desapercibido para nosotros, a pesar que el maestro Don Andrés Bello dejase constancia por escrito hace casi 200 años en su ya no muy conocida ni leída Oda a la Agricultura de la Zona Tórrida, la cual inicia con ésta frase: “Salve fecunda zona que al sol enamorado circunscribes…” o incluso podemos remontarnos más atrás, concretamente al 2 de agosto de 1498, cuando el Almirante de la Mar Océana, Cristóbal Colón, llega a las costas de Venezuela y en una carta a los Reyes Católicos les manifiesta haber llegado a una “Tierra de Gracia”.

Han transcurrido más de 500 años y el impacto que nuestro país causa en el visitante sigue siendo el mismo.

En lo personal agradezco a la Providencia por este encuentro. Las palabras de éste inglés, en estos momentos difíciles por los que atravesamos, fueron para mí como un baño de agua cristalina y esperanzadora, pues me hizo recordar el país que fuimos y que pronto volveremos a ser, nuestra Tierra de Gracia.

lunes, 8 de febrero de 2016

¿Qué hacer en la cima?

Si bien es cierto que la construcción del Hotel Humboldt fue, mas que un obra planificada y estudiada, un alarde de modernidad y progreso por parte de aquella dictadura, es igualmente cierto que la estructura está ahí y que debe buscarse la mejor manera de hacer de ella algo útil y provechoso.

Hotel Humboldt, en l acima del Avila.


Cuando se construyó se sabia que sin un casino que proporcionara ingresos, el hotel por sí solo era inviable económicamente. Siempre se ha hablado de esa posibilidad, al igual que la posibilidad de convertirlo en hotel escuela. Lo que nunca se ha planteado (al menos hasta donde yo conozco) la posibilidad de ampliar el hotel para llevarlo a un numero de habitaciones que lo haga rentable. Ello no implica la construcción de una nueva torre, por el contrario, nada que altere el perfil de la montaña. De tomar esa decisión, debiera realizarse la construcción de una estructura de bajo impacto ecológico, en forma de terraza escalonada que descienda por la ladera dela montaña. La vertiente norte, la que da hacia el mar, tiene un pendiente mucho menos pronunciada que la mira hacia Caracas, prestándose para este tipo de edificaciones, además de brindar a los huéspedes vista al mar en todas las habitaciones.

Lograr que la cima del Ávila sea de interés turístico, pasa por el desarrollo de actividades recreacionales más allá de los kioscos y ventorrillos que reciben al visitante en la cima. Una de ellas pudiera ser la extensión del teleférico a otros puntos de la montaña, con paradores, restaurantes, paseos y caminerías. Otra pudiese ser la construcción de una pista de esquí artificial, como las usadas por los esquiadores para entrenar durante el verano. Dichas pistas son de fácil instalación y mantenimiento, es como una especie de alfombra sintética, sobre la cual se deslizan los esquíes tal y como si estuviesen sobre la nieve. Hay pistas de este tipo en Inglaterra, Italia, Alemania por solo mencionar algunas, las mismas pueden incluso ser verdes para mezclarse con el paisaje.


 

pueblo de Galipán

Otro punto de gran debate acerca del sistema teleférico es la rehabilitación del tramo hasta Macuto. Sobre este particular, debe pensarse y evaluarse muy bien esta posibilidad y no hacerlo por simple populismo. La capacidad de las instalaciones se encuentra ya rebasada. En temporada y días pico, hay en la cima mas gente de la que cabe. El abrir el tramo de Macuto, sin haber ampliado el espacio y la oferta en la cima, es solo empeorar lo que ya esta mal.

En los años que ha permanecido inoperativo dicho trayecto, ha surgido y crecido un barrio de unas 30 mil personas en los alrededores de la estación de Macuto, con todo lo que ello implica. Seria irresponsable con los visitantes, abrir ese trayecto sin antes haber tomado las necesarias medida de saneamiento social en esa zona. El proyecto Casas Blancas llevado adelante por la Fundación Santa Teresa y del cual he hablado en otras oportunidades en esta columna, pudiera ser una forma de mejorar las condiciones de los habitantes de dicho barrio.

Nuestro hermoso Ávila nos brinda una extraordinaria oportunidad de hacer de él un destino recreacional de primera para los habitantes de Caracas y el litoral central. Quedará en nuestras manos la responsabilidad que ello así sea.



lunes, 4 de enero de 2016

Tráfico en las alturas

Caracas, a diferencia de muchas otras ciudades, carece de suficientes espacios para el ocio y esparcimiento. Son pocos los parques y áreas publicas destinadas a tal fin. Las pocas que tenemos están sobrecargadas de visitantes y no en las mejores condiciones en lo que a ornato, limpieza y seguridad se refiere. Es por ello que muchos caraqueños han convertido a los centros comerciales, no en lugares destinados a las compras, sino principalmente al entretenimiento.

Entre esas pocas áreas recreacionales que ofrece la ciudad destaca sin duda el majestuoso cerro El Ávila, y el parque nacional que ahora lleva por nombre Waraira-repano.

En estos días de asueto navideño, llamó mi atención una noticia de El Nacional (versión on-line) la cual titulaba: Teleférico, mas colas que diversión. Triste enunciado, no por ello alejado de la realidad, al contrario, se quedaban cortos en su apreciación.

Habiendo ya sufrido en otras oportunidades las enormes colas que se forman en la estación del teleférico y la escasa oferta que se encuentra en la cima (mas allá de kioscos y ventorrillos) decidí en esta oportunidad subir en vehículo rústico hasta Galipán.

a la derecha Los Venados, a la izquierda Galipán, Hotel Humboldt, Macuto.

Desde hace ya varios años el camino se encuentra pavimentado, cosa que como todo en la vida, tiene sus ventajas y desventajas. La mayor ventaja es que impide la erosión que se producía a consecuencia del trafico y las lluvias. Lo negativo es que ahora sube muchísima más gente de la que solía subir. Antes solo podían hacerlos rústicos 4 x4 conducidos por pilotos que supieran y estuvieran dispuestos a “rustiquear” . Hoy en día hasta una camioneta 4 x2 sube sin mayor esfuerzo. Este gran número de vehículos que ahora visitan la zona ha traído como consecuencia que los galipaneros, buscando mejorar sus ingresos, hayan construido todo un rosario de chiringuitos a lo largo del camino, desde que se alcanza la cresta del cerro (de donde parte el camino que baja hacia el litoral) hasta la entrada al pueblo. Ello por si solo no estaría mal, siempre y cuando estuviese debidamente permisado y reglamentado, cosa que en lo personal, creo no es así, pues hasta el acceso al camino que conduce al Picacho de Galipán se encuentra obstruido por un kiosco de reciente construcción. Pero para ponerle la guinda a la torta, la mayoría de dichos establecimientos no cuentan con espacio para estacionamiento los vehículos, mucho menos un estacionamiento como tal. En resumen el caos y la anarquía reinan por doquier. Vehículos rústicos (los cuales jamás se han caracterizado por su modesto tamaño) se estacionan a ambos lados del camino, dejando solo espacio suficiente para que pase un vehículo en medio de las dos hileras.

Los que salen y los que entran se encuentran de frente y ahí comienza el tira y encoje, quien cede espacio al otro para que avance. Salir de Galipán en estas fechas podía tomar hasta dos horas.

Abajo, en el puesto de Guarda Parque del estacionamiento Llano Grande la guardia nacional no pone coto a la avalancha de vehículos que inician la subida.

Si todo recinto tiene un aforo establecido, (estadio, teatro, cine, parque, etc.) por qué Inparques o el Ministerio de Ambiente no determina cúal es la capacidad máxima permitida de personas y vehículos es dicha área? No solamente es molesto para el visitante pasar por las incomodidades de la anarquía vehicular. Más allá de eso, es un tema de seguridad, de protección del medio ambiente y de hacer turismo sostenible y sustentable.

Opciones hay varias, cobrar una entrada para ingresar al parque (como sucede en casi todos los países del mundo!) o una vez llenado el cupo de rústicos que la zona puede soportar, ofrecer al visitante opciones de estacionamiento y el posterior traslado en transporte interno del parque operado por los galipaneros, por solo mencionar dos.

Son acciones impopulares pero necesarias si queremos conservar el medio ambiente. Espero que pronto llegue el día en el que organismos tan débiles como Inparques y el Ministerio de Ambiente les sea reconocida la autoridad que merecen tener y puedan poner en practica las nomas y leyes ya existentes. A fin de cuentas será en beneficio de todos.