lunes, 24 de febrero de 2020

El lado oscuro de la globalización

El mes de febrero es esperado con ansias por el sector turístico de Barcelona, pues es el mes en el que se celebra el Congreso Mundial de Telefonía Móvil. Es un evento que deja cerca de €500 millones en ingresos a la ciudad, los hoteles rozan el 100% de ocupación con tarifas que duplican los precios de la semana antes o después del evento. Los restaurantes, taxis, tiendas en general experimentan un aumento en torno al 30% en sus ventas. El evento además genera más de 15.000 empleos temporales, ese es el impacto de los más de 105 mil participantes que durante una semana invaden la ciudad condal.

Sin embargo, este año será recordado como el primero en el cual uno de los eventos más importantes del mundo tuvo que ser suspendido, con las consiguientes pérdidas económicas a organizadores, proveedores, expositores y por supuesto al sector turístico. ¿La razón de la suspensión? A una semana de la inauguración más del 10% de los expositores habían cancelado su participación, incluyendo a gigantes como Nokia, Ericsson, Sony, Amazon, Facebook, Intel, AT&T, Vivo, LG entre otros.

El congreso de telefonía móvil más importante del mundo esperaba recibir en esta próxima edición 110.000 visitantes de hasta 200 países, 3.000 expositores, 8.000 directores ejecutivos, altos cargos y delegaciones de 170 gobiernos.

¿Pero que llevó a estas grandes empresas a retirarse, forzando al Comité Organizador a cancelar el evento? ¡La amenaza del Coronavirus!

Carnaval de Venecia en pandemia


El domingo 23 de febrero, las autoridades italianas anunciaron la suspensión del Carnaval de Venecia. De igual manera se han suspendido actividades deportivas, y centros educativos en Lombardía, Piemonte y Veneto han cesado sus actividades hasta el 1 de marzo. Italia tiene más de 120 casos de Coronavirus, 2 de ellos en Venecia y el número de fallecidos asciende a dos.

Hemos visto como países han cerrado sus fronteras, líneas aéreas han suspendido vuelo, cruceros en cuarentena sin poder atracar en ningún puerto pues les niegan el permiso.

Quizá nunca lleguemos a cuantificar las pérdidas directas e indirectas en el sector como consecuencia del Coronavirus, lo que nos deja claro esta experiencia es que en esta era de la globalización, absolutamente todo esta globalizado, incluso los virus.


lunes, 10 de febrero de 2020

El pueblo que se niega a desaparecer

El pueblo italiano de Civita di Bagnoregio está desapareciendo. Cada año, siete centímetros de tierra caen en el barranco de abajo y solo siete personas siguen llamando hogar al lugar. Sin embargo, un millón de turistas se detuvieron para verlo en 2019.

A unos 120 kilometros al norte de Roma, los letreros de las calles señalan a los conductores que se están acercando a Civita di Bagnoregio, "La ciudad moribunda". Encaramada en una meseta desmoronada, el pueblo ha estado plagado de deslizamientos de tierra, terremotos y erosión desde que los humanos se establecieron por primera vez allí hace casi 4.000 años. En estos días, Civita se ha reducido a solo 100 por 160 metros.



En la Edad Media, la meseta era tres veces su tamaño actual y albergaba a más de 3.000 personas, dice Luca Costantini, un geólogo local, pero el río que atraviesa el valle que rodea a Civita ha desintegrado gradualmente la ciudad de abajo hacia arriba. Después de un devastador terremoto en 1695, la mayoría de los residentes huyeron y la población de Civita nunca se recuperó. En la década de 1920, solo 600 personas aún vivían en el pueblo. Hoy, solo hay siete y la supervivencia de Civita es incierta. Sin embargo, a medida que crecía la noticia de la pérdida inminente de la ciudad, también lo hizo la cantidad de personas que querían verla. Ahora Civita recibe hasta 10,000 visitantes por día, lo que pone en duda su desaparición prevista. Con la afluencia de personas, dinero e intereses, algunos lugareños esperan que la ciudad pueda salvarse. Otros pueblos italianos están observando de cerca el destino de Civita.

Para los que quedan, no hay supermercados, ferreterías o tiendas de conveniencia en Civita. Además de un puñado de restaurantes y tiendas de baratijas turísticas, los residentes de Civita dependen de un puente estrecho de 300 metros de largo para conectarlos a Bagnoregio, su ciudad hermana, para obtener suministros. Con casi 3.600 personas, los recursos de Bagnoregio sostienen la industria del turismo y los residentes de Civita. "A veces, incluso para un alfiler, es necesario regresar a Bagnoregio con una enorme pérdida de tiempo y energía, pero esta es la belleza de Civita", dice el sitio web de Civita.


 

Cerca de 2.500 ciudades en Italia se enfrentan a una despoblación similar, según un informe de 2016 de Legambiente, una asociación ambiental italiana. A medida que los residentes se alejan, la fuerza social, cultural y económica de una ciudad se derrumba, lo que hace que incluso más personas se vayan.

El turismo ha convertido a Civita en un museo al aire libre. Cuando la fotógrafa Camilla Ferrari visitó la ciudad por primera vez como turista, se sorprendió al ver a otro turista fotografiando a un hombre local podando su árbol.

Algunos lugareños han aceptado esta nueva atención. Felice Rocchi creció cultivando en el valle, pero las herramientas del comercio de su familia, transmitidas por generaciones, ahora cuelgan sin usar en su sótano. Hoy, usa estas reliquias para ilustrar el pasado de la ciudad a los turistas en su improvisado museo de bodega. El precio de la entrada: un euro.

Rocchi puede narrar el pasado, pero el Civita actual está evolucionando. La temporada de crecimiento ya no dicta el éxito de la ciudad, y el número de personas en la ciudad cambia con el día. Las tradiciones ayudan a la ciudad a mantener un sentido de identidad, especialmente la procesión anual del Viernes Santo en la primavera.

Civita actualmente está buscando una designación del patrimonio mundial de la UNESCO en un esfuerzo por reconocer formalmente el paisaje de la ciudad y la resistencia contra la naturaleza. La ciudad recientemente presentó un expediente de 250 páginas a la UNESCO con la esperanza de que el título solidifique el papel de Civita como un punto de importancia histórica y cultural. El equipo de Civita de la UNESCO también está desarrollando planes para crear atracciones turísticas en los pueblos de los alrededores. Si tiene éxito, la recuperación de Civita podría proporcionar una hoja de ruta para otras ciudades con el objetivo de revivir sus reducidas ciudades a través del turismo.

"Es importante salvar estas pequeñas ciudades porque al salvarlas, se preserva la tradición, se preserva la historia", dice Tedeschi. "Estas pequeñas ciudades son la cuna de la cultura".

De momento, los 10.000 visitantes diarios evitan su desaparición.


lunes, 27 de enero de 2020

Aeropuertos “cero emisión”

Mirar por la ventanilla cuando el avión despega o aterriza ofrece una panorámica similar en la mayoría de los aeropuertos de España de mayor o menor extensión según los casos, pero por lo general la vista es la de terrenos baldíos alrededor del aeropuerto. En los próximos años el paisaje puede dejar de ser el de esos terrenos vacíos para convertirse en un mar de paneles solares.

Aena (la empresa que maneja los aeropuertos españoles) se ha propuesto convertirse en un gran productor de electricidad con energías limpias. El grupo, controlado en un 51% por el Estado español y con una red de 46 aeropuertos en el país, ha diseñado un plan para contar en los próximos con plantas fotovoltaicas en casi una veintena de sus aeródromos de toda España para reducir de manera sustancial su factura energética (cerca de 75 millones de euros el año pasado) y recortar sus emisiones de CO2 con energías verdes.

Aeropuerto El Prat, Barcelona

La operación ya está en marcha. El proyecto se desarrolla bajo un nombre que ofrece pocas dudas –Plan Fotovoltaico-, y la junta directiva de la compañía ya ha dado el visto bueno formalmente para construir plantas de energía solar en los terrenos aledaños de sus aeropuertos con el objetivo producir el 70% de la electricidad que la compañía consume actualmente y, de paso, vender parte de la producción en algunas zonas en que se genere más de lo necesario. El objetivo sería compensar el exceso de producción de unos aeropuertos con el déficit de otros.

Aena ya cuenta ahora con pequeñas instalaciones fotovoltaicas repartidas en ocho de sus aeropuertos españoles. Con todos ellos, el año pasado el grupo aeroportuario acumuló una producción eléctrica de apenas 4,1 gigavatios hora. El objetivo del nuevo plan que ahora arranca es multiplicar por más de 150 esa producción y dispararla hasta los 650 gigavatios hora (GWh) al año, según las estimaciones que maneja la dirección de la compañía.

La lista de nuevos aeropuertos que se llenarán de paneles solares aún no está cerrada y se estudian decenas de ubicaciones. De momento, la dirección de Aena tiene claro que se construirán nuevas plantas fotovoltaicas en las dos joyas de la corona de su red, los gigantes de Madrid-Barajas (donde ya cuenta con una pequeña instalación) y Barcelona-El Prat.

Una de las grandes metas es conseguir que los aeropuertos de Madrid y de Barcelona –que concentran la mitad del total de las emisiones de la red de Aena- consigan ser neutros en sus emisiones de carbono al final de la próxima década, según reconocen desde el grupo comandado por Maurici Lucena. La compañía en otro pilar estratégico de futuro para diversificar ingresos ha puesto en marcha dos megaoperaciones inmobiliarias en Madrid y Barcelona para conceder suelo para que se instalen cerca de los aeropuertos hoteles, empresas y centros logísticos, y también estudia implantar proyectos similares en Mallorca, Málaga, Valencia y Sevilla.

Fuente: el independiente