lunes, 28 de septiembre de 2015

Ventanas Rotas (2)

En el numero anterior hable sobre el experimento de la ventana rota y cómo la ciudad de Nueva York logro mejorar áreas y servicios considerados peligros. 

Una vez ha sido revertida la espiral del deterioro, quienes viven en esas zonas recuperadas cambian de actitud, se involucran e incorporan en el proceso de cambio y mejora. Es como la persona que se compra elegante ropa nueva, su actitud, su expresión y lenguaje corporal cambian. El individuo se siente bien, pues es consciente de su nueva apariencia. 


Vista de Casas Blancas, en El Consejo

Mucho hemos oído hablar de Ron Santa Teresa, el proyecto Alcatraz y cómo han incorporado jóvenes delincuentes a una vida productiva. Pero el proyecto ha ido mas allá. No solo han hecho de la estación El Consejo un destino turístico visitable en un día, para las ciudades del centro del país, sino que desde hace unos años están cambiando la fisonomía de las barriadas frente a la Estación. 

Hace mucho años, atendiendo la delegación de la Gran Bretaña para un congreso internacional sobre derecho del trabajo, una de las delegadas me comento que si los ranchos de Caracas los frisaran y pintaran de blanco, nuestras colinas y cerros se parecerían mucho a las islas griegas. Tal vez la urbanización de las laderas montañosas de las islas griegas empezaron como los barrios nuestros, quizá en sus inicios Positano se pareció a los ranchos caraqueños y con el transcurrir de los siglos terminó convirtiéndose en el atractivo destino turísticos que es hoy en día. Pero también quizás, tendríamos que dejar transcurrir varios siglos para que esa transformación llegase a las barriadas venezolanas. Afortunadamente, podemos acelerar ese proceso. Ya sucede en algunos lugares de México, en algunas favelas de Rio de Janeiro y también aquí en Venezuela. 



El programa Casas Blancas, liderado por la Fundación Santa Teresa, ha logrado recuperar más de 200 viviendas en la comunidad “Juan Moreno”, en El Consejo. Esta iniciativa de un grupo de empresas privadas, ha remozado externa e internamente un numero importante de casas. Las frisan, pintan de blanco (ya que este color es mas fresco y en la noche refleja mejor la luz- cosa que ya sabían en Grecia) y cambian el techo metálico de cinc por el rojo tipo cindu-teja. Es casi inmediata la transformación en la actitud de las personas que ahí residen. Mantienen limpia las áreas, recuperan espacios comunes y más importante aun, recuperan su dignidad y orgullo, con una caída drástica en los índices de criminalidad y delincuencia. Al igual que en las favelas recuperadas de Rio, han empezado a abrir pequeños locales de café y empanadas, para atraer a los visitantes que curiosos se acercan a ver qué esta pasando ahí. En Rio hay un movimiento turístico y gastronómico en las favelas, que le muestra al turista una cara desconocida del país. Acá estamos empezando a hacer lo mismo. 

Quizá, cuando nuevas autoridades tomen las riendas del país y el turismo sea prioridad, iniciativas como estas puedan impulsarse desde gobernaciones y alcaldías en alianza con el sector privado. Es una manera de reencontrarnos, reconciliarnos y reparar esas ventanas rotas que desgraciadamente tanto abundan.  



lunes, 7 de septiembre de 2015

Ventanas Rotas (1)

En 1969, el Prof. Philip Zimpardo de la Universidad de Stanford, realizó un experimento de psicología social. Dejó dos autos abandonados en la calle, dos autos idénticos, la misma marca, modelo y color. Uno lo dejó en el Bronx, por entonces una zona pobre y conflictiva de Nueva York y el otro en Palo Alto, una zona rica y tranquila de California. Dos autos idénticos abandonados, dos barrios muy diferentes y un equipo de especialistas en psicología social estudiando las conductas de la gente en cada sitio. 


El auto abandonado en el Bronx comenzó a ser vandalizado en pocas horas. Le robaron los cauchos, el motor, los espejos, la radio, etc. Todo lo aprovechable se lo llevaron, lo demás lo destruyeron. En cambio el auto abandonado en Palo Alto se mantuvo intacto. Hasta ahora, no había sorpresas, todo marchaba según lo previsto, ya que es común atribuir a la pobreza las causas del delito. Sin embargo, el experimento continuó. Cuando el auto abandonado en el Bronx ya estaba deshecho y el de Palo Alto llevaba una semana impecable, los investigadores rompieron un vidrio del automóvil de Palo Alto. 

El resultado fue que se desató el mismo proceso que en el Bronx, y el robo, la violencia y el vandalismo redujeron el vehículo al mismo estado que el del barrio pobre. ¿Por qué un vidrio roto en el auto abandonado en un vecindario supuestamente seguro es capaz de disparar todo un proceso delictivo? No se trata de pobreza. Evidentemente es algo que tiene que ver con la psicología humana y con las relaciones sociales. Un vidrio roto en un auto abandonado transmite una idea de deterioro, de desinterés, de despreocupación que va rompiendo códigos de convivencia, como de ausencia de leyes, de normas, de reglas, todo es válido. 

Cada nuevo ataque que sufre el auto reafirma y multiplica esa idea, hasta que la escalada de actos cada vez peores se vuelve incontenible. En experimentos posteriores James Q. Wilson y George Kelling desarrollaron la 'teoría de las ventanas rotas', la cual, desde un punto de vista criminológico, concluye que el delito es mayor en las zonas donde el descuido, la suciedad, el desorden y el maltrato son mayores. Si se rompe un vidrio de una ventana de un edificio y nadie lo repara, pronto estarán rotos todos los demás. Si una comunidad exhibe signos de deterioro y esto parece no importarle a nadie, entonces allí se generará el delito. 

Si se cometen 'pequeñas faltas' (estacionarse en lugar prohibido, exceder el límite de velocidad o pasarse una luz roja) y las mismas no son sancionadas, entonces comenzarán faltas mayores y luego delitos cada vez más graves. Asi, los parques y otros espacios públicos deteriorados son progresivamente abandonados por la mayoría de la gente, que deja de salir de sus casas por temor a la inseguridad, esos mismos espacios abandonados por la gente son progresivamente ocupados por los delincuentes. 

La teoría de las ventanas rotas fue aplicada por primera vez a mediados de la década de los 80 en el metro de Nueva York, el cual se había convertido en el punto más peligroso de la ciudad. Se comenzó por combatir las pequeñas transgresiones: graffitis deteriorando el lugar, suciedad de las estaciones, ebriedad entre el público, evasiones del pago del pasaje, pequeños robos y desórdenes. Los resultados fueron evidentes. Comenzando por lo pequeño se logró hacer del metro un lugar seguro. 

 En 1994, Rudolph Giuliani, alcalde de Nueva York, basado en la teoría de las ventanas rotas y en la experiencia del metro, impulsó una política de "tolerancia cero". La estrategia consistía en crear comunidades limpias y ordenadas, no permitiendo transgresiones a la ley y a las normas de convivencia urbana. El resultado práctico fue un enorme abatimiento de todos los índices criminales de la ciudad de Nueva York. 

La expresión 'tolerancia cero' suena a una especie de solución autoritaria y represiva, pero su concepto principal es más bien la prevención y promoción de condiciones sociales de seguridad. No se trata de linchar al delincuente, ni de la prepotencia de la policía. De hecho, debe también aplicarse la tolerancia cero respecto de los abusos de autoridad. No es tolerancia cero frente a la persona que comete el delito, sino tolerancia cero frente al delito mismo. Se trata de crear comunidades limpias, ordenadas, respetuosas de la ley y de los códigos básicos de la convivencia social humana, como la que no tenemos ahora. 

Son muchas las ventanas que han sido rotas en Venezuela y en el turismo no estoy seguro de las pocas que sobreviven intactas. La buena noticia es que, tal como demostró el alcalde Rudolph Giuliani, este enorme deterioro en el que nos encontramos es reversible y mucho de lo perdido recuperable. En el próximo número daré algunos ejemplos que con mucho éxito han sido llevado a cabo en el país. 

Fuente: www.forodeseguridad.com



lunes, 24 de agosto de 2015

Nuestra fortaleza

México, al igual que Venezuela, es un país productor de petróleo y produce más que nosotros, sin embargo no es el petróleo su principal fuente de ingresos. De hecho creo que es la tercera, superado por la manufactura y el turismo. Quizá en los años de altísimos precios petroleros no haya sido asi, pero durante muchos años el turismo ha reportado mayores ingresos que el llamado “oro negro”. 

Pero ¿cómo logra México que el turismo le represente tan altos ingresos en divisas? Muchos dirán que México tiene una cultura ancestral, sitios arqueológicos de gran interés, hermosa arquitectura colonial y eso les facilita mercadearse. La verdad es a la inversa. Es cierto que poseen un gran e importante patrimonio arquitectónico y arqueológico, y conscientes de ello hicieron de su Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) un organismo fuerte, con un abultado presupuesto, con gente preparada. 

Su opinión es respetada y acatada. Sobre esa sólida plataforma del INAH se monta el desarrollo turístico mexicano. Así vemos destinos como Cancún (por mencionar el más conocido) el cual tiene varias ruinas Mayas dentro de la misma zona, como las ruinas del Rey y extraordinarios sitios arqueológicos como Chichen Itzá y Tulum a corta distancia en vehículo, o el exótico Xcaret parque único en su estilo ya que está construido en medio de ruinas mayas.

En Venezuela no tenemos mayor riqueza arqueológica y en lo que a arquitectura colonial se refiere, la poca que tuvimos no hemos sabido cuidarla. Nuestras ciudades carecen de la belleza que puedan tener otras ciudades del continente y salvo muy contadas excepciones en algunas zonas de Maracaibo, Barquisimeto o Valencia, la media de la ciudad venezolana es más por el estilo de Morón, El Tigre, El Vigia o Barcelona. Nuestra oferta es casi exclusivamente naturaleza, donde sin duda, ¡tenemos maravillas!

Parques Nacionales de Venezuela

Así como México desarrollo su turismo apoyándose en un Instituto de Antropología fuerte y sólido, de la misma manera debiéramos nosotros fortalecer nuestro Ministerio de Ambiente e Instituto Nacional de Parques, darles un presupuesto importante, darles poder y autonomía para que verdaderamente puedan proteger nuestro patrimonio ambiental, y sobre esa base sólida desarrollar nuestra actividad turística. Si hacemos un breve recuento de cuáles son los principales destinos turísticos del país, casi todos son parques nacionales o tienen un parque nacional muy cerca. (Morrocoy, Sierra Nevada, Canaima, Gran Sabana, Mochima, La Restinga, Los Roques, etc. etc. etc. ) No es secreto para nadie el lamentable estado de nuestros parques, el ecocidio que comete la minería ilegal en Canaima, la basura que inunda Morrocoy, la contaminación galopante (o flotante) en Los Roques, por solo mencionar tres.

La inacción de las autoridades está permitiendo que se destruya lo único que tenemos que ofrecer: naturaleza. En cualquier parte del mundo, no digamos USA o Canadá, los parques nacionales tienen áreas delimitadas donde pueden ir los visitantes, caminerías, áreas para el esparcimiento, la recreación, etc. Se establece y comunica claramente que actividades están permitidas y en qué áreas pueden hacerse dichas actividades. Hay centros de visitantes con guías y souvenirs, módulos de información, guardaparques que viven en condiciones dignas, bien preparados y capacitados… en fin, tenemos prácticamente todo por hacer, pero hay extraordinarias referencias de qué y cómo hacerlo. Rescatar nuestros parques nacionales pudiera ser un excelente punto de partida para tener una atractiva oferta turística, a fin de cuentas, la tendencia mundial es hacer del turismo una actividad sostenible y sustentable, con mínimo impacto ecológico y ambiental.

Así como es imperativo recuperar nuestros parques nacionales, también seria provechoso turísticamente hablando, embellecer nuestras ciudades. En el continente tenemos varios ejemplos de ciudades que hoy en día distan mucho de lo que eran hace unos pocos años, pero eso lo dejaré para un próximo número.